Alerta Tlachinollan por aumento de migración infantil en la Montaña
Durante el primer cuatrimestre de 2026, casi mil menores han abandonado sus comunidades para trabajar en campos agrícolas. El organismo resaltó que la falta de escolarización y la explotación laboral bajo condiciones extremas marcan la realidad de la niñez indígena.
Yasmín García. Chilpancingo, 4 de mayo 2026
Foto: Óscar Guerrero
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan alertó que la migración de niñas, niños y adolescentes hacia los campos agrícolas va en aumento; este año han emigrado 979, de los cuales 382 no cursan la escuela.
De enero al 23 de abril de 2026, migraron 2 mil 251 jornaleros y jornaleras: mil 109 mujeres y mil 142 hombres. De este total, 370 son niñas y niños de 0 a 5 años; 258 tienen entre 6 y 11 años, y el grupo de 12 a 17 años suma 351 personas.
Se detalla que la mayoría son Na’Savi, seguidos por los Me’phaa, nahuas y, en menor medida, mestizos.
Estos datos pertenecen al Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña, instancia que informó que, de los 979 niñas, niños y adolescentes, 382 no cursan la escuela ni tienen estudios; 112 lograron entrar al preescolar; 398 pasaron por la primaria, pero no la terminaron, y solo 80 estudian algún grado de secundaria.
El organismo dio a conocer los municipios donde se concentra la migración: Cochoapa el Grande —el municipio más pobre de México— tiene el número más grande de niños y niñas migrantes con 277; le siguen Copanatoyac con 157, Tlapa con 150, Metlatónoc con 107, Alcozauca con 70, Atlamajalcingo del Monte con 62, Tlalixtaquilla con 36, Atlixtac con 29, Zapotitlán Tablas con 18, Acatepec con 13; Xalpatláhuac y Huamuxtitlán con seis cada uno; Malinaltepec y Tlacoapa con tres cada uno, mientras que de Alpoyeca solo fueron dos.
Sin embargo, cientos de niñas, niños y adolescentes se quedan fuera de los registros del Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña porque se van por su propia cuenta, sin contratos de palabra con empresas.
“Viajan de dos a tres días en las camionetas destartaladas que, con mucho trabajo, compran sus padres. No solo se enfrentan a las inclemencias del tiempo, sino a las detenciones de los agentes de tránsito y a los asaltos de los grupos de la delincuencia organizada”, dice el comunicado.
Los niños de 7 a 10 años ayudan a sus padres en los campos de explotación (campos agrícolas) “para ganarse unos pesos más”.
En la cosecha de tomatillo, la arpilla la pagan a 40 pesos en el primer corte y a 50 pesos en el segundo corte. El trabajo es por destajo. Los más diestros y adultos cosechan hasta 60 botes, pero regularmente logran entre 10 y 12 arpillas. Los niños y niñas van a su propio ritmo, desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde.
La mayoría de las niñas y niños llegan a Michoacán; otros se fueron a Sinaloa (a 17 campos agrícolas), Chihuahua (17 campos), Baja California (7), San Luis Potosí (3), Sonora (5), Jalisco (5), Zacatecas y Nayarit (3 cada uno); a Querétaro se fueron al campo San Juan del Río y a Colima al campo Cerro Cortejo.
El Centro de Derechos Humanos indicó que, en la Montaña de Guerrero, los campos describen el olvido y el abandono.
