Padre al volante: entre largas jornadas y el amor a sus hijos
Detrás de la ruta Huajal-Jacarandas, Luis Alberto Domínguez enfrenta diariamente el estigma social, la falta de convivencia familiar y el acecho de la violencia contra el transporte público. De cara al Día del Padre, el sustento de su hogar se paga con el sacrificio de ver a sus hijos dormir
Yasmín García. Chilpancingo, 21 de junio 2026
Foto: Óscar Guerrero
Entre jornadas extenuantes detrás del volante, Luis Alberto Domínguez trata de pasar tiempo con su hijo de siete años de edad y su hija de 16. Es chofer de la Urvan local 636 de la ruta Huajal-Jacarandas y de este trabajo ha llevado el sustento a su familia.
Luis Alberto es conocido entre sus compañeros del transporte público como “Licha”, mote que le dio uno de sus amigos. Tiene 12 años trabajando de chofer, oficio del que se siente orgulloso. Contó que, en un principio, lo tomó a relajo, ya que solo trabajaba la Urvan los domingos.
“Yo tenía otro trabajo y se me había acabado el contrato que tenía. Yo lo había tomado como relajo, nada más trabajaba el puro domingo, pero me empezó a gustar, vi que tenía un trabajo agradable y en ese tiempo estaba soltero, no había mayor complicación para pasar tiempo aquí”, narró.

La jornada laboral de Luis Alberto comienza a las 5:30 de la mañana y culmina a las 9:30 de la noche de lunes a domingo; a excepción de cuando hay alguna posibilidad de terminar su jornada más temprano un domingo, y entonces lo hace.
Las largas jornadas que pasa al volante provocan que su hijo menor le pida pasar más tiempo juntos, una situación que ha sido difícil, pero que trata de equilibrar entre el trabajo y la familia.
“Ahí ha sido donde a uno se le complica; la convivencia con la familia es muy poca, no es mucha, porque me la paso todos los días aquí y sólo cuando llego en la noche a la casa puedo ver a mis hijos, pero a veces llego y encuentro dormido a mi niño menor”, narró el conductor de la Urvan local.
A pesar de que el trabajo del conductor es esclavizante, Luis se siente orgulloso porque es una labor honrada y no le pide nada a nadie.

“Mi trabajo me gusta y es un buen trabajo. Mucha gente dice que es de gente vaga y sin cultura, pero si me pongo a compararlo, vengo teniendo mejor salario. Dicen que los choferes somos borrachos y mujeriegos, pero no todos; hay muchos que se dejan llevar”, contó.
Este Día del Padre, Luis Alberto trabajará la ruta local y, por la noche, estará con su familia. Agradeció a su esposa por apoyarlo a pesar del riesgo que implica ser chofer, ya que varios de sus compañeros han sido atacados.
“Mi esposa me decía que ya lo dejara, ya que cayeron muchos compañeros y sí, uno andaba con el temor; se fueron varios compañeros que eran buenos choferes y personas tranquilas. La que siempre me apoya es mi esposa, eso cuenta demasiado; en las buenas y en las malas está conmigo”, manifestó Luis.
A sus 38 años, el conductor de la Urvan 636 no se avergüenza de su labor y reconoció a sus compañeros que, al igual que él, se levantan temprano todos los días a trabajar para llevar el sustento y darles estudio a sus hijos: es el amor de padre.
