La Mano de Cervantes: La “librería secreta” que resiste en Chilpancingo
Fundada por Michelle Ruiz y René Rueda, este espacio autogestivo en la colonia Tribuna Nacional ofrece desde ejemplares de 20 pesos hasta servicios de estudio cultural, alzándose como una alternativa ante el cierre de espacios públicos en la capital
Itzel Urieta. Chilpancingo, 20 de abril 2026
En una casa ubicada en la colonia Tribuna Nacional de Chilpancingo, entre libreros, plantas y café, funciona un espacio que no nació como negocio tradicional ni busca parecerlo.
En La Mano de Cervantes Librería, los libros pueden encontrarse desde 20 pesos, pero también se pueden leer sin comprarlos, con una taza de café incluida.
“Decidimos abrirla al público como una librería secreta, como una librería íntima”, explicó Michelle Ruiz, quien junto con René Rueda Ortiz fundó este proyecto que comenzó hace tres años en la virtualidad y que, desde hace dos, opera de manera física en la ciudad.

Ambos estudiaron Literatura en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y han hecho del libro su oficio: escritura, lectura, corrección de textos y circulación de ejemplares.
Esa experiencia previa también marcó el camino. Antes de llegar a Chilpancingo, abrieron una librería en la Ciudad de México, pero no funcionó. “A veces no funciona, también tenemos que cerrar”, reconoció Michelle.
Sin recursos para rentar otro local, optaron por abrir el espacio en su vivienda.
El proyecto, explicaron, dejó de ser únicamente una librería de segunda mano para convertirse en algo más amplio.
“Funciona como una especie de estudio cultural que es librería también”, señalaron. Además de vender libros, muchos de ellos usados y a bajo costo, ofrecen servicios como corrección de estilo y consulta de ejemplares.

Las personas pueden ir a consultar el libro el tiempo que quieran y se les da una taza de café; por ese servicio se pagan 50 pesos.
En total, su acervo ronda los tres mil ejemplares y abarca literatura clásica, filosofía, ciencias sociales y obra escrita por mujeres, además de ediciones antiguas y libros difíciles de conseguir.
Recalcaron que el enfoque no está en piezas exclusivas. “No somos una librería boutique”. La intención es facilitar el acceso a la lectura. “Tenemos libros desde 20 pesos”.
Más allá de la venta, el espacio busca generar un ambiente distinto al de otros comercios. “Que exista un espacio donde puedes ir y puedes estar sin que te estén observando feo”, dice Michelle.
Para ella, la librería también responde a la necesidad de lugares seguros y accesibles, especialmente para jóvenes. “Se necesita entender que debe haber espacios seguros también”.

Del reciente cierre de la Librería Macondo, una de las más conocidas en Chilpancingo, consideraron que si bien es “triste”, afortunadamente no cierra por completo; solo cerrará una de sus sucursales.
Lo que sí lamentaron es que la Biblioteca Pública esté cerrada desde hace más de un año, tras el huracán John.
“Es una tragedia, verdadera tragedia para Chilpancingo”.
Recordaron que no todas las personas pueden comprar un ejemplar, pero sí dependen de estos espacios para leer o estudiar: “Un lector puede no tener ni veinte pesos para un libro, pero sabe que la biblioteca es su refugio”.
Agregaron que una biblioteca no solo presta libros, sino que funciona como un lugar de encuentro y resguardo, por lo que mantenerla cerrada implica dejar a muchos lectores sin ese acceso.
A pesar de esto, también observan un crecimiento de iniciativas independientes. “Hay un auge de espacios culturales… gente que está interesada verdaderamente en la promoción cultural”. Para ellos, estos proyectos autogestivos son una forma de sostener la vida cultural en la ciudad.
Entre lo más significativo que les ha dejado la librería, Michelle destaca el contacto con los lectores. “Un lector que es lector, no por pretensión ni por conocimiento, sino porque se quiere divertir… se reconoce”. Ese tipo de encuentros, afirma, muestran que el espacio tiene sentido más allá de lo comercial.

René lo resume desde otra experiencia: “Esto es de mucha paciencia”. Para él, el trabajo cotidiano entre libros, lectores y nuevas adquisiciones implica constancia más que resultados inmediatos.
Actualmente, la librería abre sábados y domingos de 10 de la mañana a 6 de la tarde, aunque prevén ampliar horarios con la inauguración de un librero de consulta, espacio donde concentrarán títulos más especializados y de difícil acceso con la intención de que los visitantes, principalmente estudiantes, puedan consultar materiales dentro del lugar.
También participarán en la próxima Feria del Libro en la ciudad y planean organizar actividades culturales mensuales.
A la par, impulsan proyectos personales vinculados al mismo espacio. Michelle presentará su libro el 15 de abril en la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro), tras haber obtenido un premio de crónica el año pasado, lo que forma parte de una serie de presentaciones que también buscan llevar a la librería.
Más allá de la expansión, el objetivo inmediato es sostener el proyecto. “Espero que podamos sostenernos bien también para poder ofrecer una buena cantidad de títulos a las personas”.
En una ciudad con pocos espacios para la lectura, el reto ahora es sostener el proyecto y seguir acercando libros a nuevos lectores.
