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El desabasto y los prejuicios afectan a pacientes de VIH en Guerrero

Entre estudios retrasados, desabasto intermitente de antirretrovirales y la persistencia de comentarios homofóbicos en clínicas del ISSSTE, pacientes con VIH denuncian la alarmante centralización y desatención médica en la entidad. Ante el desamparo institucional, colectivos y redes ciudadanas asumen el rol del Estado de cara a la 25 Marcha de la Diversidad Sexual en Chilpancingo


Itzel Urieta. Chilpancingo, 12 de junio 2026

La violencia no siempre es un golpe; también puede manifestarse en una cita médica retrasada, en un medicamento que no llega a tiempo o en un comentario que responsabiliza al paciente de su enfermedad.

Miguel —nombre ficticio utilizado a petición del entrevistado para proteger su identidad— fue diagnosticado en 2022 con VIH y, en los siguientes años, ha enfrentado dificultades dentro del sistema de salud que, asegura, representan una forma de violencia institucional hacia las personas que viven con VIH.

Aunque recibió atención inicial y acceso al tratamiento antirretroviral en el Instituto de Seguridad y Servicios Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), el seguimiento médico a veces presenta retrasos que han puesto en riesgo la continuidad de su atención. Explicó que los estudios para medir la carga viral y los niveles de CD4 (linfocitos CD4), fundamentales para conocer la evolución de la enfermedad, deben realizarse cada seis meses y, en su caso, han llegado a postergarse hasta por un año.

“El detalle es que como que no se ha dado la prioridad o no se ha dado la atención como tiene que ser específicamente en el estado de Guerrero; no hay un seguimiento como debe de ser”, contó Miguel.

Una de las situaciones que más le preocupa ocurrió hace un año, cuando sus consultas médicas fueron programadas después del periodo que cubría el medicamento que le entregaron. Explicó que asiste cada mes por medicamento y cada tres meses a consulta, por lo que en ocasiones el fármaco se termina. Los tratamientos antirretrovirales deben tomarse diariamente y sin interrupciones.

“Lo que sí el doctor te especifica es: “No puedes dejar de tomar el medicamento un solo día”. Todos los días tiene que ser constante, tiene que ser permanente.

Aseguró que en varias ocasiones sus citas fueron programadas después de esos 90 días, por lo que se quedó sin medicamento.

“Yo hice las denuncias correspondientes y nunca hubo respuesta”.

Miguel también denunció la falta de acompañamiento integral pues, aunque las personas que viven con VIH requieren atención psicológica y orientación nutricional, dijo que estos servicios no siempre son facilitados por las instituciones de salud.

“Cuando uno solicita la atención médica de un psicólogo, de un nutriólogo, el mismo médico tratante te dice: “No lo requieres” o “¿para qué lo quieres?”.

Miguel recordó que recibir el diagnóstico fue uno de los momentos más difíciles de su vida debido a la desinformación y los estigmas que aún existen alrededor del VIH.

“Prácticamente es como que se te viene el mundo abajo; no te esperas una situación de tal grado porque, efectivamente, hay mucha desinformación, hay muchos estigmas y, de acuerdo con eso, pues te empiezas a crear en la mente una vida que dices: “Pues ya hasta ahí terminó”.

Ante las dificultades para acceder a atención psicológica a través de las instituciones de salud, buscó ayuda por su cuenta. Durante un año acudió a terapia con una psicóloga particular, proceso que, aseguró, fue fundamental para aceptar su diagnóstico y fortalecer su red de apoyo.

“La verdad me ayudó mucho e incluso yo creo que, gracias a ese trabajo con la psicóloga, fue que también yo me abrí a muchas otras cosas más, como a decir: “Bueno, tengo que aceptarme, tengo que levantar la voz”.

Actualmente, dijo que las personas más cercanas a él conocen su diagnóstico y son parte importante de su proceso.

A las dificultades relacionadas con el seguimiento médico se suma la necesidad de trasladarse a otras ciudades para recibir atención especializada. En el caso de Miguel, las consultas relacionadas con su tratamiento se realizan en Acapulco, por lo que debe viajar desde Chilpancingo para acudir a ellas.

Consideró que los servicios dirigidos a personas que viven con VIH deben acercarse a otras regiones del estado, ya que no todas las personas cuentan con los recursos económicos o las condiciones para desplazarse constantemente. Señaló que la centralización de la atención representa una barrera adicional, particularmente para quienes habitan en municipios más alejados.

Para Miguel, otro de los problemas es la persistencia de prejuicios hacia las personas LGBTI+ dentro de los propios servicios de salud.

“De pronto sí hay como ese tipo de comentarios, como diciendo: “Pues tú que perteneces a la población LGBT, pues sabes a lo que te expones, ¿no?”. Entonces desde ahí también hay un problema donde no hay conciencia de los médicos respecto a la atención que tienen que dar.

Ante la falta de respuestas institucionales, explicó que encontró apoyo en organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el Colectivo LGBTI+ Orgullo Guerrero y Vive Libre, las cuales lo orientaron y ayudaron a conseguir el tratamiento que necesitaba mientras resolvía su situación.

“Gracias tanto al colectivo Orgullo Guerrero como a Vive Libre fue que yo logré obtener medicamento en tanto la instancia me resolvía”, recordó.

Miguel consideró que es necesaria una mayor capacitación y sensibilización del personal del sector salud, desde médicos y enfermeras hasta trabajadores sociales y personal administrativo, pues las decisiones que toman pueden afectar directamente la salud de los pacientes.

“Tiene que haber una mayor sensibilidad ante todo. Aquí no es solamente con los doctores, sino es con toda el área médica o con todos los que trabajan en el sector salud”.

MIguel llamó a las autoridades para garantizar una atención digna, integral y libre de discriminación para las personas que viven con VIH.

“No deben de minimizar el tipo de problemas de salud. Somos una población todavía más vulnerable ante las decisiones que toman y ante la insensibilidad del personal”.

Miguel participó por primera vez ayer, en la marcha como una forma de visibilizar las distintas violencias que enfrentan las personas de las poblaciones LGBTI+.

“Tenemos que visibilizarnos: que existimos, que somos parte de una sociedad y que tenemos que respetar las diferencias que tenemos”.

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