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Claman desplazados de Xicotlán por seguridad y refugio ante omisión federal

Entre lágrimas, víctimas de la violencia en la Montaña Baja relatan la desaparición de familiares y la quema de sus hogares; denuncian que la respuesta de la Secretaría de Gobernación se limita a un censo programado para el próximo jueves


Yasmín García. Chilpancingo, 13 de mayo 2026

Foto: Óscar Guerrero

“No sé dónde están mi hermana, sus dos hijos y mi papá”, relató Lidia, de 23 años de edad y originaria de Xicotlán, quien se refugia en Alcozacán con su mamá. No sabe en dónde está su hermana con sus dos hijos, quienes huyeron al monte, y tampoco conoce el paradero de su papá.

“Salimos sin nada, sin ropa. No sabemos si quemaron la casa; algunos de mi pueblo ya no aparecen, vinieron todos para acá. Cuando se estaban acercando [los hombres armados], muchos huyeron al monte; yo no pude porque mi mamá no puede caminar”, contó entre lágrimas.

Lidia dice que el gobierno no garantiza el regreso a su comunidad y, si vuelven, no pueden viajar a Chilapa porque en el camino los matan.

“No podemos ir a comprar de comer a Chilapa porque en el camino nos matan. Si regresamos, ¿qué vamos a comer?”, cuestionó.

La mujer de 23 años solicitó a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, que la trasladara a Chilpancingo o a alguna otra ciudad junto a su mamá, porque su comunidad y las demás poblaciones desplazadas siempre han sido atacadas. Sin embargo, la funcionaria federal se limitó a responder que levantaría un censo el próximo jueves.

“Dicen que nos esperemos hasta el día jueves, que nos van a censar, pero no tenemos nada aquí: ni nuestra ropa ni dónde bañarnos; no tenemos familia ni dónde dormir”.

Lidia y su mamá dejaron su casa, su maíz, sus animales y tres pedazos de terreno que no saben si fueron quemados.

Desde el 9 de mayo duermen en la iglesia de Alcozacán y no saben hasta cuándo permanecerán en ese lugar. Por el día, rezan para que Dios los ayude ante la omisión e incapacidad de las autoridades.

En la comunidad de Tula, la mayoría de las casas de lámina y adobe fueron quemadas, así como el maíz que guardaban en trojas; algunos animales fueron asesinados, mientras que otros permanecen atados, como unos marranos, pero sin comida ni agua.

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