Migran jornaleros nahuas de la Montaña a campos agrícolas de Sinaloa
Tlachinollan advirtió sobre la precarización en la Montaña y la falta de oportunidades escolares para 38 niñas y niños. Resaltó que las familias indígenas enfrentan extensas jornadas de trabajo y bajos salarios en los surcos de Culiacán.
Yasmín García. Chilpancingo, 22 de octubre 2026
Óscar Guerrero
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Guerrero Tlachinollan informó sobre la migración de 94 jornaleros nahuas a Sinaloa para el corte de verduras chinas y chile; entre ellos se encuentran 21 niños y 17 niñas que no tienen oportunidades de ir a la escuela.
Este miércoles salieron 94 jornaleros y jornaleras de la comunidad nahua de Chiepetepec hacia los campos agrícolas de Culiacán, Sinaloa, de los cuales 53 son hombres y 41 son mujeres indígenas; 21 son niños y 17 son niñas que no estudian porque en la Montaña de Guerrero es recurrente la falta de maestros y, sobre todo, la precarización de la vida en las comunidades indígenas.
“A las niñas y niños se les cortan las alas y se les niega un futuro. La única alternativa son los campos agrícolas”.
Tlachinollan narró que Miguel es un jornalero agrícola originario de la comunidad de Chiepetepec, Tlapa; tiene 28 años de edad y lleva 13 trabajando como jornalero en los campos agrícolas del país.
“Este año, como en otras ocasiones, Miguel se preparó para viajar a Sinaloa, donde ya tiene un contrato firmado por siete meses con la empresa Golden Fields en el corte de verduras chinas. El traslado desde Tlapa hasta la empresa agroindustrial dura de 30 a 34 horas. Los gastos de transporte y alimentación los solventa la empresa”.
Miguel emigró a Sinaloa junto a su esposa y sus dos hijas pequeñas: la mayor de nueve y la menor de dos años. La empresa les facilita un pequeño espacio para que se establezcan y tienen acceso a los servicios básicos: atención médica, guardería, educación, un tanque de gas y una estufa para que puedan preparar sus alimentos.
El Centro de Derechos Humanos explicó que las jornadas extenuantes de trabajo son de siete a ocho horas diarias.
El sueldo que reciben Miguel y su esposa depende de las cajas o las libras de verdura que logren cortar durante el día; por cada caja chica les pagan 15 pesos, por las cajas medianas les pagan 20 y las más grandes suelen pagárselas en 43.
“Si el pago es por libras, la empresa sólo les paga tres pesos por libra, por lo que deberán cortar decenas de libras para llegar a un pago suficientemente alto para comer. Mientras Miguel y su esposa trabajan, sus hijas se quedan en la escuela y en la guardería. Regresan a su comunidad para descansar cuatro meses y vuelven a irse a los campos”, contó Tlachinollan.
Otro testimonio es el de Santiago, de 39 años de edad, quien lleva 17 años trabajando como jornalero agrícola, pero va por primera vez al campo Buen Año, en Culiacán, al corte de chile; tiene un contrato firmado por seis meses de trabajo.
La empresa les paga de acuerdo con la cantidad de cajas que logren llenar. El peso de cada una es de 22 kilos y se les paga 27 pesos por caja.
Tlachinollan subrayó que la vida de los jornaleros es cruda, sobre todo para las niñas y niños a quienes se les truncan los sueños: “No importan las fiestas, los terremotos y los huracanes, siempre están en los surcos de la explotación”.
