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Estudiar casi a la intemperie, así lo hacen los niños y niñas del Conafe en Guerrero

En la localidad de Nuevo México, municipio de Eduardo Neri, los caminos son de terracería, no hay agua potable, tampoco energía eléctrica. En una sola galera y sin baños, estudian 22 menores de preescolar, primaria y secundaria


Yasmín García. Chilpancingo, 21 de enero 2026

Foto: Óscar Guerrero

Alumnas y alumnos de preescolar, primaria y secundaria toman clases en una galera, se trata del Centro de Educación Comunitaria del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), ubicado a unos 20 minutos en vehículo de Chilpancingo.

La carretera que comunica a la escuela es de terracería, no hay agua potable, tampoco energía eléctrica, el asentamiento se llama Nuevo México y pertenece al municipio de Eduardo Neri.

El salón de clases de esta institución en realidad es una galera con cimientos de cemento, pilares de madera y techo de lámina. Aquí estudian cinco niños y niñas de preescolar, 12 de primaria y cinco de secundaria, los alumnos se agrupan por nivel y toman clases en un rincón ante la falta de un aula.

El piso es de tierra, no hay barda perimetral y tampoco hay baños tanto para los alumnos como para los maestros.

Los alumnos hacen sus necesidades al aire libre, mientras que los educadores comunitarios (maestros) piden permiso en las viviendas.

Uno de los educadores comunitarios de primaria y encargado del Centro de Educación Comunitaria, Gerzon Herrera Francisco, narró que la galera es prestada ya que funge como casa de juntas de la colonia.

Padres, madres y los docentes están gestionando la donación de un terreno ante las autoridades municipales para así participar en el programa de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la Escuela es Nuestra, con el que anhelan recibir los recursos económicos para construir las aulas.

“La escuela no tiene baño, se está construyendo pero no hay presupuesto para mano de obra, la comunidad poco a poco va cooperando, pero la escuela tampoco está completamente construida”, lamentó Gerzon.

Ante la falta de una puerta, colocan butacas para que no ingresen caballos u otros animales.

Las alumnas y los alumnos entran a clases a las ocho de la mañana y se retiran a la 1:30. Cuando ensayan escolta regresan a las 4:30 y los educadores comunitarios se retiran a las 6:30 de la tarde porque no hay donde se queden a dormir.

Mientras el educador comunitario imparte clases a los alumnos de primaria, sus otros dos compañeros lo hacen con preescolar y secundaria.

Los niños y las niñas se agrupan y rodean al docente para poder escuchar la clase, aunque es complicado porque hay niños pequeños de 3 años y más grandes de 15.

“En momentos llega el estrés, no solo de nosotros sino de los estudiantes que escuchan las clases de los otros maestros”, narró.

El educador comunitario aseguró que algunos alumnos no comprenden las lecturas por el ruido, lo que afecta su aprendizaje.

“Algunos no pueden leer con ruido y se tapan los oídos, trabajamos mucho la lectura”.

Ademas de las carencias en infraestructura, los alumnos y docentes también sufren de las inclemencias del tiempo, cuando llueve la carretera de terracería se vuelve intransitable por el lodo, en invierno el frío se hace notar en las manos partidas de los pequeños y en tiempo de secas los rayos del sol incrementan su intensidad.

Debido a que tampoco cuentan con un comedor, los alumnos tienen que ir a almorzar a sus viviendas.

“A veces hay mucho sol y se van caminando, hay unas casas más lejos. Le caminan bajo el sol, con la lluvia es más complicado, se hace mucho lodo y es difícil caminar”.

En días pasados los educadores comunitarios protestaron al exterior de las oficinas de Conafe en Chilpancingo, para exigir pagos de adeudos y un salario justo ya que perciben 5 mil pesos mensuales y carecen de uniformes y material para trabajar.

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