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Mario Jesús, el reto de educar en una zona rural y en la precariedad laboral

“El salón no tiene puerta, ponemos bancas como portón para cerrar que no entren animales, caballos, porque se comen el material y defecan ahí”, cuenta el docente comunitario


Yasmín García. Chilpancingo, 14 de enero 2026

Foto: Oscar Guerrero

Bajo un techo de lámina imparte clases Mario Jesús Velázquez Hernández a niños de preescolar, primaria y secundaria, aunque él es educador comunitario de nivel secundaria.

Además, Mario y sus alumnos comparten el techo con otros dos de sus compañeros y sus alumnos de preescolar y primaria.

Algunos días, asegura Mario, es imposible no escuchar las demás clases y desconcentrarse, ya que no hay algún muro que los divida en salones.

“El salón no tiene puerta, ponemos bancas como portón para cerrar que no entren animales, caballos, porque se comen el material y defecan ahí”, cuenta el profesor.

Mario Jesús imparte clases en la colonia Nuevo México, ubicada entre los límites de Chilpancingo y Eduardo Neri. Aunque está cerca de la capital del estado, su escuela carece de lo más básico como agua potable, electricidad y drenaje.

Los niños que asisten a la escuela hacen sus necesidades al aire libre. Los educadores comunitarios tienen que pedir permiso en las viviendas para que los dejen utilizar el sanitario.

Mario Jesús tiene apenas seis meses impartiendo clases, es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Explicó que lo contrataron para tomar fotografías en una clausura de la escuela y ahí lo invitaron a integrarse mediante el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe).

Mario aceptó porque uno de sus sueños era ser maestro, sin pensarlo acudió a los cursos de capacitación durante seis semanas, pagó material, comidas y pasajes con la esperanza de que les pagarían a tiempo cuando estuviera laborando y lo justo, pero no fue así.

Cuando comenzó con sus prácticas sintió una satisfacción al ver a los niños emocionados.

Mario da clases a cinco niños de preescolar, 12 de primaria y seis de secundaria.

A Mario Jesús también le prometieron uniformes y un chip con datos para enseñar videos a sus alumnos, pero hasta la fecha solo le ha llegado un sombrero con la leyenda Conafe.

Los maestros de Conafe imparten clases a niños y niñas en su mayoría indígenas de las comunidades más alejadas y marginadas de Guerrero.

“Pedimos que nos paguen lo justo, no podemos abandonar a los niños”, reclamó Mario.

El educador comunitario pidió a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, que les paguen un salario justo ya que reciben 2 mil 500 pesos a la quincena y con ese dinero compran material para enseñar a los niños y pagan sus pasajes.

Mario Jesús llega a la escuela a las 7:30 de la mañana todos los dias; viaja de Chilpancingo y sale a las 6 de la tarde, a su domicilio llega a planear la clase del siguiente día.

Conafe les marca que se deben quedar a dormir en la comunidad, pero en este caso él y sus otros dos compañeros viajan porque no hay donde se queden a dormir.

A pesar de las carencias que tienen estos maestros, los alumnos ponen interés a sus clases y realizan diferentes actividades con los docentes como ventas de mensualidades para poder sufragar algunos gastos.

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